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Cómo se hace un proyecto anual de distribución (y por qué no es un Excel con un +20 %)

10 min de lectura#Distribución#Dirección comercial#Presupuesto#Planificación#Incentivos#Dirección basada en datos

Un proyecto anual de distribución no es poner una cifra más alta que la del año pasado. Es explicar de dónde sale cada euro de crecimiento, quién lo vende, cuándo, cómo se paga y cómo se sigue. Este es el método que uso, paso a paso.

Cómo se hace un proyecto anual de distribución (y por qué no es un Excel con un +20 %)

Todos los años, por estas fechas, en miles de empresas se repite la misma escena. Alguien abre el Excel de ventas, copia la columna del año que termina, la multiplica por 1,15 o por 1,20 y la llama «presupuesto del año que viene». Se reparte entre los comerciales a partes más o menos iguales, se envía por correo y, en enero, empieza la carrera.

En marzo nadie sabe muy bien si se va bien o mal. En junio ya se sabe que mal, pero no por qué. Y en diciembre se vuelve a abrir el Excel.

Esta semana he cerrado el proyecto de distribución del año que viene para presentarlo a la propiedad. Mientras lo preparaba, pensé que merecía la pena contar cómo se construye uno de verdad, porque la diferencia entre un objetivo y un proyecto es enorme, y casi nunca se explica.

Un objetivo es una cifra. Un proyecto es la explicación de cómo se llega a ella, quién lo hace, cuándo y cuánto cuesta.

1. Empezar por el punto de partida, no por la meta

El primer error es empezar por el número al que se quiere llegar. Hay que empezar por dónde estás de verdad.

Eso significa reconstruir al menos los tres últimos años de venta por canal, por comercial, por proveedor y por mes. Y significa también ser honesto con el año en curso: si estás en noviembre y no tienes el cierre, tendrás que proyectarlo. La forma más sencilla es extrapolar los meses reales a doce, pero dejándolo escrito como proyección, para confirmarlo con el cierre real en enero.

Esta parte es la menos vistosa y la que más tiempo lleva: limpiar datos del ERP, unificar nombres de clientes, separar lo que es producto de lo que es maquinaria, decidir a qué canal pertenece cada venta. Pero sin ella, todo lo que viene después se construye sobre arena.

Lo que buscas en el histórico no es solo la tendencia. Buscas patrones:

  • Qué canales crecen solos y cuáles están estancados.
  • Qué comerciales están ya en su techo de volumen y cuáles tienen recorrido.
  • Qué peso tiene cada proveedor y cuánto dependes de uno solo.
  • Qué meses venden y cuáles no.

2. Fijar el objetivo canal por canal, nunca en bloque

Con el punto de partida claro, el objetivo se construye de abajo arriba, canal por canal, y no repartiendo una cifra global de arriba abajo.

Y aquí está la primera lección importante: no todos los canales deben crecer lo mismo. Un comercial con una cartera muy madura y de mucho volumen puede crecer un pequeño porcentaje y estar haciendo un gran trabajo. Una cartera nueva, con muchos clientes por trabajar, puede y debe crecer mucho más. La tienda online, si parte de una base pequeña, puede multiplicar su venta sin que eso sea una locura.

Pedir a todos el mismo +20 % es injusto con unos y cómodo para otros. Y en ambos casos desmotiva.

3. Repartirlo en el tiempo: la estacionalidad

Un objetivo anual no se gestiona. Lo que se gestiona es el objetivo del mes.

Para repartirlo, calculo el peso histórico de cada mes sobre la venta total y aplico ese porcentaje al objetivo de cada canal. Así, cada comercial sabe desde enero cuánto tiene que vender cada mes, sabiendo que habrá meses flojos y meses de pico.

Un detalle que parece menor y no lo es: comprueba que los porcentajes suman exactamente el 100 %. En mi último proyecto, por redondeos, la estacionalidad sumaba el 100,1 %. Una décima. Pero esa décima inflaba todos los objetivos mensuales y hacía que la suma de lo que se pedía al equipo no cuadrara con lo que se presentaba a la propiedad. En un proyecto que se va a revisar cada mes durante un año, las décimas importan.

4. Repartirlo por proveedor

Si distribuyes marcas de terceros, hay una pregunta que el proyecto anual tiene que responder: ¿cuánto dependes de cada proveedor y cuánto quieres depender el año que viene?

Es muy habitual que una distribuidora tenga un proveedor principal que pesa muchísimo en la facturación. Eso no es malo en sí mismo, pero es un riesgo: un cambio de condiciones, de política comercial o de distribución exclusiva puede poner en peligro a la empresa entera.

El proyecto anual es el momento de decidir conscientemente: qué proveedores secundarios quieres impulsar, cuánto deben crecer y cómo se traslada eso al objetivo de cada comercial. Porque si no se baja a la cartera de cada uno, se queda en una buena intención.

5. Decidir cómo se paga: la retribución

Aquí es donde muchos proyectos se rompen. Un objetivo que no está conectado con la retribución es una sugerencia.

El modelo más habitual en distribución es un fijo más una comisión por tramos: nada hasta un umbral mínimo de venta mensual, un porcentaje a partir de ahí y un porcentaje mayor por encima de un segundo umbral. Es un modelo sencillo de explicar y que premia el volumen.

Pero la pregunta clave no es cuánto cobra cada comercial, sino cuánto cuesta cada euro vendido. Por eso calculo el coste comercial de cada canal como porcentaje de su venta objetivo: fijo, comisiones y gastos asociados, divididos entre lo que se espera que venda.

Ese cálculo te da una herramienta muy potente: el punto de equilibrio del canal ideal. Si decides que el coste comercial no debe superar, por ejemplo, el 12 % de la venta, puedes calcular cuánto tiene que vender un comercial a jornada completa para que eso se cumpla. Esa cifra sirve para dimensionar carteras, decidir cuándo contratar y entender por qué un comercial con una cartera pequeña siempre te sale más caro en proporción: el fijo pesa más.

6. Incentivos: siempre variables, nunca fijos

La comisión paga el volumen. Pero el volumen no lo es todo: a veces la empresa necesita que se capten clientes nuevos, que se reactiven los que se han parado o que se empuje un proveedor concreto.

Para eso están los incentivos, y tengo una regla que no negocio: siempre variables, nunca fijos, y siempre por interés de empresa. Un incentivo que se cobra todos los meses deja de ser un incentivo y se convierte en sueldo.

Uso dos:

  • Cumplimiento de objetivos. Un importe mensual que se cobra entero si se llega al 100 %, la mitad si se queda cerca y nada por debajo. Si un mes no se llega pero el trimestre sí, se recupera. Premia la constancia sin castigar un mal mes.
  • El reto del mes. Un objetivo distinto cada mes, elegido por dirección según lo que necesite la empresa: clientes nuevos, reactivación, una familia de producto, un proveedor. No se recupera.

El truco está en el calendario de retos: sigue la estacionalidad. En los meses flojos se pide reactivar y captar, porque hay tiempo. En los meses de pico se pide ticket, porque el cliente está comprando.

La comisión dice «vende más». El incentivo dice «vende esto, ahora, porque es lo que la empresa necesita».

7. El puente: de dónde sale cada euro de crecimiento

Esta es, para mí, la parte que convierte un presupuesto en un proyecto. Tienes la cifra de partida y la cifra objetivo. Entre las dos hay un hueco. ¿Con qué se llena?

Lo represento como un puente —un gráfico de cascada— en el que cada escalón es una palanca de crecimiento:

  • Planificación. Simplemente tener objetivos mensuales claros ya mejora el resultado.
  • Productividad. Seguimiento semanal y corrección a tiempo.
  • Retención. Que no se pierdan los clientes que ya compran y recuperar los que se han parado.
  • Captación. Clientes nuevos.
  • Mix y ticket. Vender más a cada cliente: más familias, más proveedores, más valor por pedido.

A cada palanca le atribuyo una parte del crecimiento y, dentro de cada una, acciones concretas con su KPI y su frecuencia. Ese reparto es, al principio, una hipótesis. No pasa nada: lo importante es escribirla, porque solo lo que está escrito se puede revisar con datos reales cada trimestre.

8. La palanca que casi nadie mira: la cartera activa

Si tuviera que quedarme con una sola idea de todo el proceso, sería esta.

Cuando clasificas a los clientes de cada comercial según su última compra, la foto suele sorprender: una parte muy importante de la cartera no ha comprado en los últimos seis meses. Son clientes que ya te conocen, que en algún momento confiaron en ti y que, por lo que sea, se han parado.

Haz el cálculo. Si cada comercial consigue tener activos unos cuantos clientes más al año, manteniendo el ticket medio, ¿cuánto supone para el equipo? En muchos casos, casi todo el crecimiento que buscas está ahí, en la propia cartera, antes de salir a buscar un solo cliente nuevo.

Por eso, en mis proyectos, la retención y la reactivación tienen tanto peso como la captación. Y por eso conviene una figura de apoyo comercial que trabaje los clientes parados y los que no tienen comercial asignado, y que los devuelva a la cartera de quien corresponda una vez reactivados. Así el comercial no siente que le quitan clientes, sino que se los recuperan.

9. La captación, como sistema y no como esfuerzo

Cuando sí toca buscar clientes nuevos, el error es dejarlo en manos del esfuerzo individual: «sal a la calle y trae clientes». Funciona unos días y luego se diluye.

Lo que funciona es un sistema, con pasos claros:

  1. Construir un listado de negocios potenciales por código postal, con fuentes sectoriales, mapas y, si tienes, tu propia red.
  2. Asignar por zona a cada comercial.
  3. Cualificar y agendar desde apoyo comercial: qué tipo de negocio es, qué volumen tiene y con quién trabaja hoy.
  4. Visitar y cerrar, que es donde el comercial aporta más valor.
  5. Fidelizar, buscando la segunda compra antes de 90 días.
  6. Medir cada mes la conversión de cada paso.

Y aquí entra la aritmética: si sabes qué porcentaje de los contactos acaba siendo cliente activo, sabes cuántos contactos hay que trabajar cada mes para llegar a la cartera objetivo. El esfuerzo deja de ser una sensación y pasa a ser un número.

10. El cuadro de mando: tres ritmos

Un proyecto que no se sigue es un documento. Para que viva durante todo el año, lo organizo en tres ritmos:

  • Cada semana, corregir. Venta acumulada frente al objetivo del mes, clientes en riesgo de pararse y contactos trabajados. Es una conversación breve con cada comercial, no una reunión larga.
  • Cada mes, medir y pagar. Porcentaje de cumplimiento, incentivos, venta por proveedor y familia, cartera activa y clientes nuevos.
  • Cada trimestre, revisar el plan. Se recuperan incentivos, se comprueba con datos reales si las palancas están aportando lo que se esperaba, se ajustan objetivos y retos, y se informa a la propiedad.

La regla es sencilla: lo semanal corrige, lo mensual mide y lo trimestral decide.

11. Sumar el coste total, validar y comunicar

Antes de presentar el proyecto, hago una última cuenta: el coste comercial completo —comerciales, técnicos, tienda e incentivos— sobre la venta objetivo. Es la cifra que la propiedad va a mirar primero, y debe estar clara, con lo que incluye y lo que no.

Luego llega la validación. Yo lo presento siempre igual: punto de partida, objetivo y su reparto, retribución, plan de acciones y acuerdos concretos que se piden. Y una lista honesta de lo que falta por cerrar, que siempre hay algo: un dato por confirmar, una estimación que sustituir por el coste real, un redondeo que corregir.

El último paso es el más importante y el que más se olvida: comunicarlo al equipo antes de que empiece el año. Cada comercial debería empezar enero sabiendo su objetivo mensual, por proveedor, cómo cobra, qué reto tiene ese mes y cómo se le va a seguir. Si se entera en febrero, ya ha perdido un mes.

Lo que de verdad cambia

Hacer un proyecto así lleva semanas. Bastante más que multiplicar una columna por 1,20. Pero lo que te devuelve compensa con creces:

  • El equipo sabe qué se espera de él, cada mes, y por qué.
  • La propiedad entiende de dónde sale el crecimiento y cuánto cuesta.
  • Dirección puede corregir a tiempo, porque sabe qué palanca está fallando.
  • Y, sobre todo, en diciembre puedes explicar qué ha pasado, en lugar de volver a abrir el Excel sin saber por qué el año ha ido como ha ido.

Un proyecto anual no garantiza que llegues al objetivo. Pero sí garantiza algo casi igual de valioso: que, llegues o no, sabrás exactamente por qué.

¿Cómo se construye el presupuesto comercial en tu empresa? ¿Objetivo en bloque o proyecto canal a canal?

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